martes, 22 de diciembre de 2020

Libertad religiosa pero no para todos



 Felices fiestas a todos y nos alegramos por los que han ganado a la lotería.

El Sacro Imperio Romano Germánico quedaba lejos de España a pesar de que la entrada de los Habsburgo en Esos suponía la entrada de Castilla y Aragón en los asuntos europeos de forma descarada cuando no en primera línea.

La Lotaringia, estado intermedio entre Francia y Alemania pudo ser viable pero no llegó a consolidarse.

La Reforma fue el pretexto de los príncipes imperiales para oponerse al Emperador y enriquecerse muy rápido, liberándose del yugo papal por lo que prendió rápido en el Imperio y, a pesar de victorias como Muhlberg, la paz de Augsburgo dejaba libertad religiosa a principes pero no a vasallos. Carlos V había fracasado pero los tiempos del Emperador Fernando I, nacido en España y hermano de Carlos, Maximiliano II (suegro de Felipe II y padre de Ana de Austria, la cuarta y última mujer del vallisoletano más universal) y Rodolfo II fueron de relativa paz y tolerancia hasta que llegó la guerra de los Treinta Años. El francés Richelieu no dudará en aliarse con los protestantes, especialmente con los suecos de Gustavo Adolfo, al igual que Francisco I lo hizo un siglo antes con los turcos.

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